miércoles, noviembre 09, 2005 16:53

Otro punto de vista sobre el Estatuto catalán

Generalmente los lobos cuando se acercan al rebaño de ovejas lo hacen cobijados en la nocturnidad y en maleza, tratando de dejar por locos a los perrazos que aúllan su presencia. No de otra manera los que pretenden la destrucción de la nación española pretenden esconder sus objetivos hasta el momento fatal en que los incisivos de la bestia desgarran el cuello del cordero.

España a pesar del cansancio histórico de la patria, del envenenamiento de los espíritus por el pensamiento único liberal-progresista, y de la cobardía indiscutible de nuestra raza en el presente trance, sabría despertar una vez más con heroico ímpetu frente a una agresión directa. Los enemigos de España lo comprobaron en el pasado. Desde 1630, España está dispuesta a desaparecer entera antes que tolerar mutilaciones. Es por ello que España, en su postración decadente desde entonces, haya apostado siempre al todo o nada en la ruleta del destino.

De los errores se aprende, algunos, y es por ello que el camino más seguro es el del sinuoso engaño, rehusando combates directos, que si bien pueden suponer la independencia, sería tras un esfuerzo colosal en todos los sentidos. Es por ello que embaucar voluntades desde ondas radiofónicas y televisivas, aderezadas con falaces líneas de panfletos de cabecera sea la vereda más eficaz. Es sorprendente que los más interesados en la voladura de España sean los que más repiten que esto no está en juego, pero hasta no hace demasiado la masonería tampoco existía, o el mismísimo demonio utiliza la misma técnica de negar su existencia para ganar voluntades. Contra un enemigo que no existe no se puede luchar, así los más astutos pretenden pasar por inexistentes, imaginaciones de locos visionarios. Solo faltaría que el lobo entrase al rebaño entre aullidos y a plena luz del sol.

Una vez que está clara la existencia de una táctica de camuflaje entre los "asesinos de España" solo cabe enseñar sus disfraces para impedirles usarlos de nuevo. Así los parlamentarios se batieron el cobre en referencias a España. El más hambriento de los lobos, Carod Rovira, camuflaba su hambre con garantías a España, camino más raudo hacia el banquete sangriento.

Sin embargo se equivocan quienes articulan la defensa de España en torno a una constitución. España fue antes de esas constitución y será después. El único referente moral de España es el pueblo español, en su integridad y en su conjunto, y es por ello, que no debe existir reparo en cambiar o incluso crear una nueva constitución. Lo que debe hacerse es dar la palabra al pueblo español, y ofrecerle varias alternativas: lo mismo resulta, que no solo no se acepta el modelo federal de ensoñación antiespañola que dibuja el proyecto jacobino de ZP, sino que incluso la derrochadora situación territorial española pudiera parecer excesiva.

El PSOE quebranta la ley, acepta un texto inconstitucional. Legalmente hablando, no hay diferencias substanciales con el plan Ibarreche, políticamente sí: el PSC-ERC tienen cogido al gobierno más abajo del cuello, y esto no preocupa al visionario leonés, quien anclado en las humeantes asambleas de los 70, contempla a España como una cárcel de pueblos que es necesario liberar.

Este estatuto, que a muchos les parece una maldición, puede ser el toque de atención que despierte el genio hispánico de nuevo, y permita a su pueblo agruparse firme frente a quienes están contra la unidad, la igualdad, y la soberanía nacional.

La aceptación de este texto es un delito de alta traición, pues va contra la esencia misma de la legalidad vigente, y contra las leyes naturales de nuestra comunidad. Por ello hoy España, pero sobre todo los españoles debemos saber quien está con nosotros y quien está contra nosotros: se acabó la timidez, hablemos claro, en la calle, en el café, en el trabajo, en la familia y en cuantas tertulias tengamos voz, que nos oigan.

Basta ya de dictadura liberal-progresista, alcemos valiente nuestra voz y llamemos a las cosas por su nombre, y esta se llama traición, los que berrean asesinos, los que se ponen pegatinitas de barcos hundidos, no son los únicos con derecho a hablar. Comprobemos si España es un país libre, digamos nuestra opinión alto y claro, que sea un clamor de voces valientes, de gargantas que claman por sus ideas. Basta ya de nuestro silencio cobarde, culpable en parte de esta situación. Es la hora de la resurrección nacional, resucitemos primero nosotros mismos, para después resucitar la patria.


-.Julio Alejandro Buenaplata

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