jueves, octubre 06, 2005 19:02

Asaltos en Ceuta

Los asaltos a la verja de Ceuta por los africanos de las últimas noches transmiten una sensación de debilidad preocupante. Demuestran la total decadencia moral y espiritual de nuestra nación, arrastrada a tal abismo por la labor de zapa de nuestras clases dirigentes.

Ante el bochornoso espectáculo, el gobierno, por boca de su ministro de Interior asegura ir a tomar medidas que garanticen la seguridad de los asaltantes, y de paso, la seguridad de la frontera, nuestros aliados norteafricanos, lejos de impedir el asalto se quedan parados, sin duda es una velada amenaza, un nuevo sutil paso hacia adelante de la diplomacia marroquí.

España, sobre todo esa España progre, no parece estar preparada para ver ningún muerto, ya sea en un atentado, ya sea en defensa de la integridad de España. La sangre, que a todos nos produce repulsión, en ellos ejerce la fuerza de una extraña fórmula mágica, que les roba la razón y la entereza y les hace estar dispuestos a todo.

Sin embargo, si queremos sobrevivir, como estado, como nación, no queda más remedio que reaccionar ante las invasiones. El ejército, no puede ser desplazado a la frontera para entablar un combate cuerpo a cuerpo contra las hordas asaltantes, el ejército español debe actuar como tal, o acaso, ¿el gobierno prefiere arriesgar vidas de soldados, a las vidas de los invasores?, pues según el ministro de defensa si, a parte de su frase pedante de prefiero que me maten a matar, ahora nos dice que no se disparará, se manda al ejército a la boca del lobo.

Desde luego la realidad de frontera es de puro triste patética. Sin embargo, no por ello debemos de dejar de actuar en consecuencia. Las invasiones siempre están arrastradas por necesidades, pese a lo cual, no implican nada de positivo, España debe cuidarse de las invasiones, sea por la causa que sea, y no lo digo yo, lo dice la legalidad vigente, el gobierno, con su permisividad en este aspecto está incumpliendo la ley.

Desde luego el drama humano de África no debe engañarnos: no hace tanto que los africanos alzaron bélicas manos contra la presencia europea, querían escribir su propia historia. Ya lo han hecho: miseria, hambre y muerte, y ahora nos plantean una nueva exigencia, quieren rescribir su historia en nuestro suelo, en nuestra patria. Para ello lanzan sus asaltos ya en desembarcos anfibios, ya en escalas cuasi medievales. El asalto a España ha comenzado ya, tras las avanzadillas anteriores, y con el respaldo de un gobierno colaboracionista, ineficaz y cómplice.

Ahora bien, frente a las numerosas voces que se levantan pidiendo soluciones, creo que solo hay una, la de repatriar a todos los ilegales. El gobierno debe de hacer de los acuerdos de repatriación el eje de su política exterior, no es una medida radical, es la medida que establece la ley. Luego, una vez en sus patrias se podrá intentar ayudar a su progreso. Para ello será preciso eliminar a todas las oligarquías corruptas, que en ocasiones hacen el juego a occidente como peones políticos, o como factorías de un neocolonialismo más brutal y menos desarrollista infinitamente que el anterior.

Los europeos, los españoles, no estamos obligados a soportar el peso de la desesperación mundial, porque de hacerlo, convertiremos Europa en parte del tercer mundo, y serán los ciudadanos de a pie quienes paguen las consecuencias, mientras caminamos a un mundo globalizado en el que la riqueza se va reduciendo a unas cuantas manos que pretenden someter al resto del planeta.

El primer paso para solucionar el hambre y la miseria de África es frenar su éxodo, el abandono del continente por los más aptos, para integrarse en nuevas caravanas esclavistas, tras lo cual, se debe proceder a la limpieza política de regímenes corruptos, para posteriormente y a través de ayudas, crear planes de desarrollo. Lo que no puede ser es el invento progre de quebrar la legalidad, y de acoger infinitos hombres. España tiene un limite y posiblemente la última regularización Caldera lo ha sobrepasado, y ha dado ánimos al resto para intentarlo de nuevo.

Lejos de las promesas falaces de una España rejuvenecida por la inmigración, nos encontramos con graves problemas en la financiación del estado del bienestar debido al aumento de la misma, nos encontramos con unos salarios que si suben en cantidad bajan en capacidad adquisitiva debido a la competencia totalmente desleal. La patraña de la inmigración se demuestra cada día, y el aumento de la inseguridad es la prueba culminante. No quiero criminalizar a nadie, simplemente expongo una realidad objetiva, en España no caben más, hay que tomar medidas.


-.Julio Alejandro Buenaplata

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